Reflexiones

“Novela histórica o Historia novelada” ¿Están tan claras sus diferencias?

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Hola amigos, ¿qué tal estáis? Ojalá que hayáis tenido una semana muy productiva en el trabajo y ahora, ya de descanso, os apetezca leer algunas reflexiones sobre escritura. Esta vez, me gustaría hablaros sobre la novela histórica. ¡Espero que os guste!

Andaba yo estos días con el tercer borrador de mi próxima novela, que ésta vez espero publicar sí o sí, cuando me asaltó el recuerdo, allá por mis años de universitaria, de una conferencia del poeta y profesor Luis García Montero, cuyo título era el mismo que estoy utilizando para ésta entrada: “Novela histórica o Historia novelada”. Si bien no voy a resumir aquí el contenido de la misma -dejaré el enlace aquí para los interesados en el tema- creo que todavía hoy no tenemos tan claras, al menos a pie de calle, las diferencias entre éstos dos géneros tan dispares, pero que a su vez comparten la misma temática, es decir, la Historia.

portada.jpgSin entrar en definiciones académicas cargadas de complejidad y tecnicismos, podemos decir que la Novela histórica es un tipo de relato, cuyo contexto se desarrolla en un momento histórico concreto -la Roma de Augusto, la Revolución Francesa, la Guerra Fría, etc.-, pero tanto su trama como argumento son ficción. Además, pueden aparecer en ella personajes históricos, mezclados con otros inventados. Sin embargo, lo más importante en dicho género es que el argumento y la trama sean verosímiles en relación con ese momento del pasado en el que se enmarca -Bueno, no siempre, hay novelas como Un yanki de Connecticut en la corte del Rey Arturo (M. Twain, 1889) en las que el contraste entre dichos elementos se busca de manera intencionada en honor al disparate, la sátira y el humor-.

Por su parte, lo que García Montero define como Historia novelada sería más bien un ensayo divulgativo, mediante el cuál los historiadores presentan los resultados de sus investigaciones al público -normalmente específico de la disciplina- y en muchos casos, éste tiene un claro componente narrativo más allá de la mera exposición científica, pero siempre basándose en datos históricos contrastados.

Hasta aquí, parece que están claras las diferencias entre ambos géneros, no solo en cuanto la finalidad -divulgación o entretenimiento- sino también en lo que respecta a su forma de presentar la Historia -“verdad” o contexto-. Sin embargo, en la práctica, “al caer la noche todos los gatos son pardos” y nos encontramos con problemas un tanto incómodos que ponen de manifiesto el no saber muy bien dónde empieza la Novela histórica y dónde la Historia novelada. Por ejemplo:

 

«-¡Ah!, tu eres historiadora, ¿¡Verdad!?- dice mi vecina con los ojos deshorbitados mientras las llaves de 132591334su apartamento tintinéan en el interior de su bolso.

-Eh… sí… ¿por?

– Por nada, por nada… Es que leí en un libro que las mujeres en la Edad Media iban a la guerra y me resultó muy interesante.

-Bueno…a ver… Eso no es del todo cierto… salvo Juana de Arco, Caterina Sforza… No era lo habitual- le contesto con el ceño fruncido.

-Pues yo lo leí en un libro… Vamos, lo tengo ahí mismo. Hasta te lo puedo prestar si quieres.

-Ammm ¿Y cómo se llama?

-Historia del rey transparente, de Rosa Montero.

-¡Pero eso es una novela!

-¡Ya!…- exclama con extrañeza- ¿Y…?

Éste diálogo, aunque inventado, refleja muy claramente algo que en mi vertiente de historiadora suelen referirme habitualmente a colación de novelas, series, películas, etc. Y es que a aquellos que tienen las nociones básicas de Historia como materia de bachillerato, les cuesta diferenciar entre lo que el relato expone de “real” y lo que es simplemente un recurso ficticio que el autor ha incluído en la novela por diversos motivos. Con esta afirmación no estoy criticando ni mucho menos los conocimientos escasos que a veces tienen los aficionados a la Historia, yo soy la primera aficionada a cocina que no tengo ni idea de cómo hacer un trampantojo, una deconstrucción o simplemente que la mousse de chocolate me quede con burbujitas. Sin embargo, ¿¡Por qué hay personas que, ante la duda de realidad o ficción, se quedan con la primera!? La verdad es que no sabría qué responder…

Pero el asunto, queridos amigos, no se queda en lo que os acabo de contar. Ya que la vida nos da “una de cal y otra de arena”, vamos a ver lo que piensan algunos historiadores -con cinco años de carrera y máster- sobre la Novela histórica:

«-¿Has leído El nombre de la Rosa?

– mmm Sí- responde mi compañero de bancada presa del desdén y la empanada matutina, antes de que llegue la profesora de Historia Medieval.- Hace tiempo…

– Ahí expone muy bien el tema que estamos dando sobre la Inquisición medieval.

– Bueno, no estoy de acuerdo. Porque tiene muchas imprecisiones. Por ejemplo, en ninguna parte dice que Bernardo Gui fuese a impartir justicia inquisitorial a ningún monasterio de Italia. Y mucho menos que éste fuese un hombre fanático e irracional, cuando escribió numerosos tratados y estaba considerado como una verdadera autoridad eclesiástica.

– Ya. Pero…

– ¡Y por no hablar de las ejecuciones! ¿A quién se le ocurre que ataban a la gente a un poste y les prendían fuego y ya…? Si los autos de fe estaban plagados de cánticos y oraciones para que el alma de los reos se purificase entre las llamas, con el fin de alcanzar la salvación.

– Sí. Te entiendo, pero son recursos estilísticos de la novela. No sé… para darle más dramatismo.

– Ese es el problema, que por adecuar la Historia a los cánones de la literatura acaban tergiversándola de manera exagerada.

– A ver, pero una novela es una novela… su intención es entretener.

– ¡Pues que entretengan desde la verdad!»

Aquí podemos ver la otra cara de la moneda, es decir, el desprecio con el que algunos historiadores tratan a este subgénero narrativo porque los escritores tenemos la manía de “inventarnos cosas”. Y en mi caso, que al tener formación histórica camino entre dos aguas, también tengo que escuchar a menudo el clásico: «¡Pues tú deberías saber, ya que eres historiadora, que no existió ningún Duque de la Igualada, como dice Eduardo Mendoza en Riña de Gatos! Y mucho menos que Franco y los generales  golpistas se reuniesen en la casa de un noble para planear nada: ¡Era un asunto estrictamente militar!». La verdad, queridos amigos, estas situaciones son tan tensas para mí como intentar conseguir el “quesito” amarillo del Trivial. De todas formas, el hecho de que los historiadores reaccionen de esta manera ante la ficción de la novela histórica tiene que ver con el asunto que planteamos anteriormente, pues consideran que la gente común confunde la historia con la ficción precisamente porque ésta existe. Y por tanto, exigen la misma veracidad a los novelistas que utilizan ellos en sus investigaciones. Bueno, también tenemos el asunto de que un aficionado a la historia suele preferir sumergirse en el entretenido mundo de una novela antes que sentarse delante de un “libraco” lleno de conceptos técnicos y explicaciones aparatosas sobre la Revolución Francesa, y esas cosas “escuecen”, aunque un profesional de la Historia nunca lo reconozca.

De todas formas, ¡no hay que asustarse!, porque los casos que he compartido con

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Geofrey Rush interpretando a Javert en la película Los Miserables (1988)

vosotros en párrafos anteriores solo exponen ambas opiniones desde una óptica radical y también -para qué ocultarlo- satírica. Así que, queridos amigos, no temáis llevar un ejemplar de Guerra y Paz bajo el brazo cuando hayáis quedado a tomar café con un historiador, probablemente él también lo haya leído y le encante. Lo mismo digo de la gente que lee novela histórica, en la mayoría de los casos, saben perfectamente que Javert es un personaje ficticio y representa el estereotipo de policía decimonónico; fanático y autoritario.

En cualquier caso, ¿podemos hablar de un término médio en el que la Novela histórica y la Historia novelada se miren directamente a los ojos: sin reproches, ni miradas altivas? ¡Por supuesto que sí! La novela histórica, aunque invente personajes, cambie la fecha de los hechos -para adecuarlos a la trama- y exponga argumentos ficticios, tiene la intención de ser verosímil y ésto solo se consigue con una buena documentación de la época en la que se contextualiza -comportamientos sociales, sucesos, vestidos, costumbres, ideologías, etc.-. Así pues, la Novela histórica divulga elementos de la Historia a sus lectores y éstos pueden aprender mucho de ella. En el caso de la Historia

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Gerad Depardieu y Nathalie Baye en la película El regreso de Martin Guerre (1982)

novelada, aunque la intención principal de un investigador sea presentar una “verdad”, ésta no puede ser nunca tal cosa. Para que me entiendan los profanos: un historiador toma los datos de un archivo, que en su día fueron escritos por una persona a la que le interesaban más unos hechos que otros por diversas razones -ideología, personalidad, ocupación, clase social, etc.-. El investigador, a su vez, toma los datos que le interesan según éstas mismas razones y los intereses de su trabajo -demografía, sociedad, cultura, política…-, hace los análisis que sean necesarios y, a partir de éstos, redacta su ensayo divulgativo. Así, lo que pasase allá por 1806 y lo que éste recoge en su trabajo final probablemente no se parezcan tanto como nos gustaría creer. Por tanto, la Historia como disciplina es también, aunque en menor medida, una obra literária. Por ejemplo, podríamos citar obras como El queso y los gusanos (C. Ginzburg, 1979) o El regreso de Martin Guerre (N. Z. Davis, 1983), en las que sus autores incluso llegan a aportar a sus ensayos ciertos rasgos del género novelístico -diálogos, entonación dramática, etc.-.

Ya que hemos conseguido, o al menos intentado, reconciliar a estas dos “primas hermanas”, nos queda hacernos una última pregunta: ¿qué debemos hacer los escritores cuando escribamos una Novela histórica? Sencilla y llanamente, lo mismo que al escribir cualquier otro tipo de novela: ¡lo que nos salga de la p…luma! Si la intención es que nuestra historia sea verosimil en su contexto temporal, intentaremos ceñirnos a las características de la época hasta el punto de que el lector tenga claro que se trata, por ejemplo, de una novela basada en la Edad Media -castillos, monjes, caballeros, siervos…-. Si lo que nos interesa, por el contrario, es tratar un suceso histórico desde un tono humorístico, esperpéntico o bufo, probablemente mezclemos aspectos de la época con otros actuales y empleemos estereotipos como el señor feudal gordo, la princesa estúpida, el cruzado inútil… No importan los ingredientes que añadamos al caldero de la escritura, siempre y cuando éstos respondan exactamente a lo que queremos trasmitir, es decir, a la finalidad última de nuestra novela.

Pues nada, amigos. Hasta aquí ésta reflexión sobre la Novela histórica que quería compartir con vosotros esta semana. Tanto si os ha parecido interesante como si no, comentad vuestras impresiones para que charlemos un rato. Y por favor, no le echéis un vistazo rápido para marcharos sin decir nada… ¡que os veo venir! Hasta la próxima semana. ¡Nos escribimos!

índicePD: Perdonad la longitud y pomposidad de éste post, pero al hablar de Historia me ha abducido el arquetipo del “erudito pedante”. No me lo toméis a mal.

 

 

8 comentarios en ““Novela histórica o Historia novelada” ¿Están tan claras sus diferencias?”

  1. Tú misma das en la clave en tu artículo: ¿cuál es la finalidad? Entretener o enseñar (divulgar). Por eso creo que un modelo no va en detrimento del otro, sino que se complementan, es decir, la historia enseña en contexto y la literatura lo hace entretenido.

    Voy un paso más. ¿Cuál es la función de la literatura? Pues en primer lugar todo el mundo dirá: “entretener”. Pero yo voy más lejos y digo: “monstrarnos un mundo que no existe”. Igual que la poesía embellece la lengua que usamos día a día, la literatura embellece (o hace más fea, irreal. utópica…) nuestro mundo. ¿debe ajustarse a la realidad? No tiene porqué. El mundo de Canción de Hielo y Fuego (Juego de Tronos) está ambientado en un mundo medieval, se basa en la Inglaterra medieval, en un contexto como la Guerra de las Dos Rosas y hasta se inspira en el Muro de Adrián. Pero son la magia y los dragones los que hacen que la trama sea aun más bella y espectacular. Si le quitásemos todo eso a la saga, se estaría reproduciendo casi una nueva versión de Yo Claudio.

    Otro ejemplo, pero esta vez comparando la literatura y la ciencia. ¿Qué se hace I. Asimov cuando convierte (en cierta manera) la ciencia en literatura? La ciencia ficción. ¿Exiten naves que consigan viajar a la velocidad de la luz? No. ¿Se pueden terraformar planetas para hacerlos habitables como La Tierra? No. ¿existen vehículos que levitan? No. ¿existen máquinas con iniciativa propia? No. Hasta las famosas tres leyes de la robótica son una utopía. De hecho esa tecnología sólo la tenía Asimov en su cabeza, pero con una base científica y hasta una cierta esperanza en que un día se haga realidad.

    Eso es para mí la literatura. No tiene que adaptarse la realidad, porque muchas veces somos los lectores los que pedimos que nos muestren un mundo distinto a la realidad. La realidad ya la vemos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Creo que la literatura sin fantasía, no es literatura.

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  2. Muchas gracias por tu acertado comentario, Aeneas. La verdad es que estoy completamente de acuerdo contigo: la literatura se basa en la ficción, pues eso es lo que demandan los lectores y así debe seguir siendo. En otras palabras: nadie se cree que las Leyes de la robótica de Isaac Asimov sean ciertas, igual que pocos científicos se quejan de que éste autor utilice cuestiones científicas como base para sus novelas de ciencia ficción, pues tienen muy clara la separación entre sus disciplinas y la literatura. ¡Ojo! ¡que yo a estas alturas he escuchado de todo! Recuerdo a un conocido mío, estudiante de física, que se quejaba de la ausencia de “veracidad” en las películas de Star Wars, porque los disparos de las naves se escuchaban en el espacio, contradiciendo a la Ley de propagación del sonido, pero estos son los menos.
    Sin embargo, cuando la novela se acerca a la Historia suelen aparecer puntos de fricción por el aspecto literario que tienen ambas. Por ello, no es de extrañar que a veces los lectores crean a “pies juntillas” los elementos ficticios de una trama histórica y que ésto haga “saltar las alarmas” de los historiadores más puristas, que se pasan el día consultando datos históricos e investigando para que después algún “listillo” les diga por la calle tan alegremente que están equivocados, pues ellos leyeron en un libro ésto u esto otro. Aunque entiendo que los “listillos” resultan muchas veces incómodos para los historiadores -y para cualquiera-, no estoy de acuerdo en que la solución se base en “muerto el perro, se acabó la rabia”, es decir, exigir a la novela la “veracidad de la historia”, ya que; como tú bien dices, una novela sin ficción pierde la gracia.
    Así pues, creo que la solución más acertada radica en aclarar, como he intentado hacer en este post, cuáles son las diferencias entre ambos géneros y por qué uno y otro pueden servir tanto para entretener como para divulgar aspectos históricos. Desgraciadamente, ésto no es un bálsamo contra “listillos” ni puristas, que van a existir siempre, pero tener claras las atribuciones de la Novela histórica y la Historia novelada nos ayudará a darnos la vuelta y no prestar atención a los “decretazos” de unos y otros.
    Un saludo!!

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  3. Me ha parecido un buen artículo, y pes a tu opinioón, a mi me ha parecido corto y directo. En otras palabras, que no se me ha hehco largo para nada.
    Tengo en mente una novela en mente que parte de la historia como raiz y no sabía como definirla. Por supuesto, adoro la historia y no me apetece escribir un libro de historia sino una historia que entretenga hablando de historia, valga la redundancia.

    Suerte con tu empresa.

    Saludos!!

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